
Victor Wembanyama ha corroborado, en solo un par de temporadas en la NBA, lo que muchos ya sospechaban: el baloncesto se encuentra en una nueva época. Ya no se trata solamente de ser experto en pintura: Con la misma naturalidad que un escolta, Wembanyama es capaz de lanzar triples, generar su propio tiro y defender en el perímetro. La altura de Víctor Wembanyama(2,26) y su envergadura de 2,40 no obstaculiza su movilidad que parece imposible para su tamaño.
Un talento sin precedentes
Tanto los analistas, como los aficionados y también los entrenadores podían observar sorprendidos la evolución de Wembanyama desde sus orígenes en Nanterre 92 y después en Metropolitans 92. Su assemblage de dimensiones, coordinación y también habilidades técnicas es única; cada acción manifiesta que no pertenece a ninguna de las categorías habituales: no es un base, no es un pívot, no es un alero… es una combinación original de todas ellas.
Su arribo a los San Antonio Spurs fue la decisión lógica para una joya de su nivel. Con la dirección de Gregg Popovich, el equipo vio en él algo más que un proyecto: una posibilidad de edificar el futuro del equipo. Wembanyama ha aprendido a armonizar su instinto creativo con la táctica disciplinaria que distingue a los grandes bajo su dirección.
Defensa de otro planeta
Si su capacidad para hacer puntos destaca, lo que de verdad pone sus rivales a temblar es su defensa. La manera en la que sabe leer y alcanzar el juego cambia por completo la forma de actuar de los atacantes; simplemente, su sola existencia hace que el lugar cambie antes de cada partido; los jugadores titubean al ir a penetrar, ejecutan tiros diferentes o incluso se niegan a entrar en el intercambio.
Aunque no solo se limitan a tapones o a estadísticas encaminadas, Wembanyama es un buen defensor que habla, que anticipa y que corrige a los compañeros que han fallado; tiene la capacidad de cubrir el espacio como si se detuviera el tiempo a su alrededor, algo que pocas personas han conseguido a lo largo de la historia.
Un gigante con alma de base
Su manejo del balón es verdaderamente sorprendente, ya que Wembanyama, quien posee una inusual coordinación dada su altura, es capaz de hacer driblar la bola, lanzar contraataques o ejecutar otros movimientos que parecen hechos para un escolta. Su visión del juego le ha permitido encontrar a compañeros desmarcados a partir de sus pases creativos, mientras que su lanzamiento exterior obliga a los defensores a salir de la zona, generando así espacios para todos.
Resulta igualmente sorprendente su mentalidad competitiva. A diferencia de lo que sucede con muchos de los jóvenes talentos que empiezan a sonar, Victor no se conforma con ser distinto: quiere impactar, dejar huella, cambiar el modo en que se juega a baloncesto. En todas y cada una de sus declaraciones deja claro que la oportunidad de mejorar debe tomarse todos los días por norma y que solo puede estar dispuesta a hacerlo el colectivo, ya que es superior al ego.
El futuro ya está aquí
Victor Wembanyama, a sus veintitantos años, ha probado ser mucho más que una promesa. Su efecto va más allá de las cifras: está transformando la forma en que los entrenadores piensan las defensas, cómo se organiza un equipo y qué esperan de los jugadores altos a futuro.
Wembanyama no es solo un paso más en una liga que siempre está buscando la próxima evolución. Es una revolución total. Su combinación de instinto, mentalidad y técnica lo transforma en el unicornio definitivo, una clase de jugador que surge una vez por generación y reconfigura las potencialidades del deporte.
Victor Wembanyama no solo está jugando al baloncesto.
Está reinventándolo.

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