Fernando Alonso, con 44 años, continúa siendo más que un piloto experimentado en la parrilla: representa la pasión por la velocidad, el talento y la perseverancia. El asturiano sigue luchando contra las leyes del tiempo y evidenciando que la experiencia es uno de los instrumentos más potentes en el automovilismo actual, a pesar de que la Fórmula 1 está dominada por estrellas jóvenes y tecnología implacable.

Una temporada de lucha y orgullo
Con Aston Martin, Alonso encara su tercer año seguido con un proyecto que, a pesar de su ambición, ha tenido que lidiar con las fluctuaciones normales de un equipo en crecimiento. Luego de un año 2023 sobresaliente y un 2024 de transición, el monoplaza del 2025 ha mostrado ser más competitivo, con la capacidad de pelear por el podio en forma regular y, en ocasiones, estar a punto de ganar.
Al principio de este año, el bicampeón mundial expresó: «Continuaré corriendo mientras tenga hambre». Y ha cumplido con ello. En pistas como las de Mónaco, Suzuka o Barcelona, su nombre vuelve a sonar fuerte entre los seguidores, evocando los tiempos gloriosos de Renault y las combates legendarios con Schumacher.
Más que velocidad, una mentalidad
Su mentalidad, no solo su competencia al volante, es lo que hace a Alonso diferente. Cada carrera es una lucha estratégica en la que su inteligencia táctica destaca. En una Fórmula 1 que tiene una obsesión por la juventud y la inmediatez, él encarna lo opuesto: la exactitud, la paciencia y el análisis de las carreras.
Su capacidad para mejorar los vehículos y su relación con los ingenieros son famosas. Muchos en el paddock están de acuerdo en que su entendimiento técnico, además de su talento innato, lo hace un activo excepcional para cualquier equipo.
El respeto del paddock
A estas alturas, hasta sus oponentes lo reconocen como una leyenda viva. En numerosas ocasiones, Max Verstappen ha afirmado que Alonso es uno de los escasos pilotos de la vieja escuela con la capacidad para competir al máximo nivel con cualquier generación.
“Fernando no solo compite, enseña cómo se compite”, afirmó el neerlandés tras un intenso duelo en Bahréin.
El legado del asturiano
Alonso ya ha garantizado su sitio en la historia, independientemente de los resultados. Más de 20 años en la cima, con más de 100 podios y dos campeonatos mundiales. Sin embargo, lo que realmente perdura es su espíritu: la inquebrantable ambición de continuar compitiendo cuando muchos ya habrían dejado el casco.
Fernando Alonso permanece como una constante en una época de cambios incesantes.
Un guerrero que no envejece, un ícono inspirador y una evidencia viviente de que la pasión tiene el potencial de ser tan fuerte como la juventud.
Porque mientras Alonso siga en la pista, la Fórmula 1 seguirá teniendo alma
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